El mensaje de incertidumbre es el protagonista.
Desde su introducción en 2013, la llamada golden visa, que concede permisos de residencia y trabajo a ciudadanos no comunitarios a cambio de inversiones inmobiliarias superiores a 500.000 euros, se había consolidado como una herramienta para atraer capital extranjero a España. Sin embargo, su futuro parece estar sentenciado tras la decisión del gobierno, aún no materializada, de suprimir esta vía.
Se trata de una medida que ha generado una buena dosis de incertidumbre sobre su verdadero impacto, especialmente en inversores chinos, uno de los colectivos tradicionalmente más beneficiados por esta política.
En el período 2013-2023, España concedió aproximadamente 14.576 golden visa relacionadas con inversiones inmobiliarias, siendo los ciudadanos chinos, rusos e iraníes quienes más utilizaron este recurso.
De ese total, el 90% de las autorizaciones se concentraron en ciudades como Barcelona, Madrid, Málaga, Alicante, Palma de Mallorca y Valencia, donde los inversores adquirieron propiedades a un precio medio de 668.000 euros. En 2023, el número de visados llegó a su máximo histórico con 3.270 concesiones, una cifra impulsada también por el Brexit y el interés creciente de compradores de Estados Unidos y Reino Unido.
Aunque estas cifras pueden parecer significativas, lo cierto es que las golden visa apenas representan el 0,56% del total de las operaciones inmobiliarias en España. En 2023, las compras bajo este esquema supusieron el 3,75% de las transacciones de extranjeros, un porcentaje relevante, pero aún pequeño dentro del conjunto del mercado inmobiliario.
La comunidad china ha sido uno de los principales colectivos que ha venido aprovechando este régimen. La búsqueda de estabilidad política, seguridad jurídica y una alta calidad de vida han sido factores clave para atraer inversores de este país a España. Sin embargo, su interés no se limitaba exclusivamente a la obtención de permisos de residencia, ya que la inversión inmobiliaria se contemplaba como una estrategia para diversificar capitales y asegurar activos en mercados estables fuera de China.
Con la eliminación de este procedimiento, los expertos estiman que el impacto en la demanda china será moderado. Si bien es cierto que algunos inversores pueden reconsiderar su participación en el mercado español, la mayoría de ellos ya estaba motivada por otros factores, como la seguridad y la rentabilidad del mercado inmobiliario español. De hecho, en 2023 las golden visa relacionadas con inversores chinos representaron solo una pequeña parte del total.
La incertidumbre política en España.
El proceso para suprimir la golden visa no está exento de dificultades. Aunque el Gobierno ya anunció su intención de eliminar estos visados en abril de 2024, la falta de consenso en el Parlamento ha retrasado su implementación. Las tensiones dentro de la coalición de Gobierno, así como las reservas de otros partidos, han generado incertidumbre sobre si la medida se aprobará mediante decreto o si se incorporará a otras normativas en tramitación. La reciente paralización de la reforma de la Ley del Suelo, que originalmente incluía la supresión de estos visados, es un claro ejemplo de los obstáculos legislativos que enfrenta el Ejecutivo. Por otro lado, la aritmética parlamentaria actual dificulta la aprobación de nuevas reformas de calado, lo que podría ralentizar la eliminación definitiva del programa. Esta falta de claridad legislativa mantiene a los inversores en vilo, y algunos expertos predicen que, de aprobarse, la medida solo afectará marginalmente al sector, ya que la mayoría de los compradores extranjeros en España no se benefician de este régimen.
Comparación con Portugal y otros países europeos.
España no es el único país europeo que ha reconsiderado la conveniencia de las golden visa. Portugal, por ejemplo, ha puesto fin a su propio programa de visados de oro en 2023, alegando que había contribuido a la inflación de los precios inmobiliarios, especialmente en áreas urbanas. Sin embargo, el impacto de esta decisión en Portugal ha sido limitado, ya que la mayoría de los inversores también priorizaban otros aspectos, como la rentabilidad y la estabilidad del mercado, al igual que en España.
Conclusión.
La supresión de la golden visa en España puede enviar un mensaje contradictorio a los inversores extranjeros, sugiriendo una postura más proteccionista. Sin embargo, las cifras revelan que su impacto real en el mercado inmobiliario será probablemente limitado. Los inversores chinos, aunque importantes en este esquema, no constituyen una proporción tan significativa como para causar un cambio drástico en el mercado. Lo que queda por ver es cómo y cuándo se implementará la eliminación definitiva de este visado y qué efectos tendrá en un contexto político marcado por la incertidumbre.
